El universo es un vasto océano de cuerpos celestes en constante movimiento, y nuestro Sistema Solar no es una burbuja aislada en este vaivén cósmico.
Ahora, nuevas simulaciones en computadora revelaron que más de un millón de objetos de gran tamaño, cada uno superior al tamaño del Obelisco de Buenos Aires o la Estatua de la Libertad de Nueva York, podrían estar ocultos en los confines del sistema solar exterior.
Estos visitantes, provenientes del sistema Alfa Centauri, habrían llegado aquí tras un largo viaje interestelar y podrían permanecer atrapados en la vasta Nube de Oort, lejos del alcance de la observación directa.
La nube de Oort es una nube esférica de objetos transneptunianos que se encuentra en los límites del Sistema Solar, casi a un año luz del Sol, y aproximadamente a un cuarto de la distancia del Sol a Próxima Centauri, la estrella más cercana a nuestro sistema solar.El Sistema Solar está rodeado por la nube de Oort (ESO)
Los hallazgos, aún en proceso de revisión por pares, fueron publicados recientemente al servidor de preimpresión arXiv y pronto serán publicados en The Planetary Science Journal. A través de modelos computacionales, los investigadores estimaron la cantidad de material expulsado de Alfa Centauri en los últimos 100 millones de años y concluyeron que una fracción significativa de estos fragmentos fue capturada gravitacionalmente por el Sol, quedando en la periferia de nuestro sistema.
Hasta la fecha, solo dos objetos interestelares fueron confirmados en tránsito por nuestra región cósmica: el enigmático ‘Oumuamua, detectado en 2017, y el cometa 2I/Borisov, avistado en 2019. Ambos se desplazaban a velocidades que confirmaban su origen más allá del sistema solar, lo que provocó un revuelo en la comunidad científica. Sin embargo, esta nueva investigación sugiere que la presencia de cuerpos provenientes de otras estrellas es mucho más común de lo que se creía.
Además de estos gigantes ocultos en la Nube de Oort, los modelos predicen que pequeñas partículas de Alfa Centauri, de apenas 100 micrómetros de diámetro, ingresan anualmente a la atmósfera terrestre. Los científicos estiman que alrededor de diez de estas diminutas motas de polvo se queman como meteoros cada año, un dato que refuerza la idea de un constante intercambio de material entre sistemas estelares.
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